Los caminos de la mente

La geografía no deja de ser geometría euclidiana. Para llegar a un punto hay muchas alternativas. Pero la razón occidental indica que se trata de ir por el camino más corto y menos peligroso. Y que eso es lo más rápido, y la velocidad es un valor inobjetable de la post-moderidad. Pero a veces vale la pena aventurarse por los caminos escarpados, peligrosos y lentos.

Lo que más me  llama la atención de Capital Federal, es que las distancias se miden en minutos y no en cantidad de cuadras. Para los porteños, las cosas quedan a cinco minutos, a quince, y así. Pero para un renegau, que de pronto ve un sténcil, debe desenfundar cámara, gatillar, fascinarse con un ave, un sonido o un culo, las distancias se calculan en unidades del sistema métrico decimal.

Pero si estoy en La Plata, me aporteño bastante en los días cotidianos.

Para llegara a casa desde La Plata, tenemos el camino General Belgrano, el Camino Centenario y luego miles de callejuelas distintas.

Generalmente, cuento con el tiempo justo para llegar a un punto. Calculo, de acuerdo a la hora el momento adecuado para partir y el camino correcto. (Hay variables inconscientes. Si arranco 7:30 am, llego a Plaza Moreno a las 8:00. Pero si arranco 7:35, llego 8:15. Ese “error” aritmético se debe a que el Camino Centenario se carga más de tránsito. Eso me permite llegar casi justo. (Calculando también el tiempo que lleva encontrar un lugar adecuado para estacionar). Le dije inconsciente, porque hasta ahora que lo estoy escribiendo, no lo había pensado así.

 El autismo se apega a lo conocido. Lo distinto perturba. Lo aconsejable es hacer pequeñas variaciones que permitan cierta plasticidad mental. La idea es que esa rigidez se vuelva más plástica y que no se perciba que solo hay una alternativa. Se supone que eso es una enseñanza para la vida en general. Pero otra dificultad del autismo es la inducción: pasar de lo particular a lo general, transportar una situación a otras, de manera que todo lo que pueda hacerse explícito, hay que hacerlo.

Así es que cuando viajo en auto con mis hijos ensayo variaciones al camino del lechero.

Tomás puede anticipar lo que hay que hacer, a modo de GPS. Me indica con el dedo y un sonido particular hacia donde debo doblar. Si lo contradigo, comienza a golperse la pera con el puño. No imagine nudillos pegando, es más bien como si su mano se cerrara sobre un lápiz imaginario y telescópico y fuera la punta del lápiz la que se estrecha sobre su mentón, plegándose hasta que el puño da de lleno. Se ve que lo contradecimos bastante, porque tiene una especie de cayo en la pera.

A Brisa le fascinan los animales. Ella no detecta cambios de estrategia paisaje, porque solo tiene ojos para perros, gatos, calandrias, zorzales colorados, venteveos, palomas torcazas, palomas picazuró, palomas caseras, picabuey, horneros, tordos, ratonas, chingolos, gorriones, teros, cotorras. A cada uno de las especies nombradas las identifica e imita sus actitudes. De algunos puede saber si se trata de machos o hembras. Si pasamos por la calle 426, frente al Parque Ecológico, jugamos a ver quién es el primero en ubicar un cuis. Ella gana siempre. Los cuises se ponen al costado del camino a tomar los primeros rayos del sol.

Cuis

Cuis. Foto Gustavo Durán. Licencia CC 2.0

A Iván lo altera el cambio de rutina, como a Tomás. (Bueno… no es solo el cambio de rutina lo que altera a Iván) Inmediatamente dice: ¿Estamos perdidos?….¿Cuál es el camino correcto?… ¿Cómo llegaremos a casa?. Y salta y se mueve toda la Kangoo.

-Ivan… no estamos perdidos. Es que vamos por otro camino.-

-¿¡¡¡¿¿¿Por qué????!!!.. ¡¡¡No quiero!! Eres un tonto miedoso.- (Ivan habla en neutro, como en el Cartoon Network)

El que tiene asperger, tiene dificultad en ponerse en el lugar del otro. Algo que se denomina teoría de la mente. Dificultad para  inferir estados mentales en los demás. En detectar las sutilezas de las dobles intenciones, los cambios de tono, la tristeza o alegría que genera la interacción comunicacional. Brisa está entrenandose en percibir que si alguien bosteza, es posible que se está aburriendo con lo que ella dice. Pero en general, el ejercicio de role-playing, le resulta imposible.

El otro día, para volver a casa, pasamos por el Barrio La Fortaleza. Un barrio muy humilde, con casillas de madera y algunas pocas de material.

Durante el viaje ella nunca hace comentarios de nada que no se refiera a animales, pero me dijo (contradiciendo la teoría de la teoría de la mente  de  de los aperger)…

-¿Viste papá?…-

-¿Qué Brisa?…-

-Las casas de la gente-

-Si-

-Tienen casas viejas y rotas-

-Si Brisa-

-Pobres… deben tener frío… ¡Qué bueno que nuestra casa sea linda!…-

-Si Brisa-

Y luego comentó de unos caballos.

Miguel Rep. Contratapa del Diario Página 12 del 11 de julio de 2012

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