Gracias Roxi (políticamente incorrecto)

Hace mucho tiempo que ensayo este post. Nunca termina de convencerme. Y tal vez nuevamente termine en el retrete.

La discapacidad en los hijos implica una elaboración, un duelo, una alegría, una hinchazón de huevos, una celebración, un camino. ¡Como la de cualquier padre con cualquier hijo!…

Antes de ser padre, Ud. tendría sus fantasías, expectativas. Y la realidad, y casi siempre el diagnóstico, le dieron un mazazo.

Pues bien. No hablaré aquí de los diagnósticos y su capacidad performativa. Volvamos ¿Luego del mazazo qué?…

El proceso de elaboración.
Me saltearé este doloroso paso.

Pongamos que usted hizo terapia (o no), ya no está auto-compasivo  y se ha hecho cargo. Su herida narcisista ha cicatrizado o está en eso. Ya sabe que su hij@ no es un genio incomprendido, ni un ángel, ni un índigo, ni Einsteint que tardó en hablar. Ni que tiene algo “trabado” o bloqueado y que se destrabará. No. Es un niño/a. Y no cualquiera. Es su hijo.
Usted  es un padre más o menos feliz.
Solo entonces ha llegado el momento de gritar al viento cuando:

Tiene los huevos al plato.
Está re-podrido que su hij@ grite o haga movimientos estereotipados delante de la pantalla de la tele justo en el penal.
Se cague  en el momento de salir.
Se horrorosamente ecolálico, o pedante (si es Asperger).
O que hable de todo lo que ve.
O que no hable.

O que tenga intolerancia a la frustración. Ja.
O que tenga rabietas en el supermercado porque no quiere esperar…¡Usted tampoco quiere esperar!…

 

Listo. Dígaselo. -Callate un rato- -Me gustaría que me hables- Tengo los huevos al plato con tu cantinela. Dame un abrazo. Andate a tu cuarto por caprichoso e hinchapelotas. No te lo voy a comprar aunque grites como un chancho.

Ommmm
Funciona.

Gracias Roxi 😉

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