Acerca de El Sudaca Renegau

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¿Cuáles son los colores de la cebra?…¿Sabés o no sabés?

El nombre técnico es comorbilidad. Un término con cacofonía terrible. Significa que a la enfermedad o trastorno principal, se le asocia otro. En este caso es autismo más hipomanía. Otra palabreja sugerente. Podría traducirse como pichón de bipolar.

Cuando a Marty Mc Fly lo llamaban “Gallina” en Volver al Futuro, se recalentaba y era capaz de enfrentarse con cualquiera, sin medir consecuencias. Sin escalas, ni gradualidad. “gallina” le disparaba sus demonios.

No estoy diagnosticando con nada a Marty Mc Fly. Solo quiero ejemplificar.

En este caso que nos ocupa basta con decir el anodino monosílabo “no” y arde Troya. El Dr. Jekyll muta en Mr. Hyde en una velocidad que Stevenson nunca hubiera imaginado.

Intolerancia a la frustración. Je. A papá mono.

De chico jugaba a “ni si, ni no, ni blanco,  ni negro”. Un juego que consiste en entablar un diálogo:   el interrogado tiene prohibido contestar alguna de estas cuatro palabras. No es posible mentir, ni contestar cosas fantásticas. El que interroga agudiza su ingenio para que el contrincante se vea obligado a decir alguno de estos términos y el interrogado se las ve oscuras (por no decir negras, porque pierdo) para evitarlo.

Una estrategia adecuada era el cansancio. Hacerla fácil, dejar que el interrogado se luzca con respuestas ingeniosas. Y luego una ráfaga de preguntas cortas, que lo tomen por sorpresa y agotado. Y el si o el no se escurren entre la ya desgastada y baja guardia. No hace falta un cross al mentón. Bastaría con un simple -¿Dejamos de jugar?- y si el incauto dice si, en vez de dale, o de ok caerá  fulminado a la lona.

Ese juego me entrenó en el arte de la respuesta que evita el no. Pero aquí, cuando pierdo tengo una prenda terrible e infumable, un rosario de gritos, llantos, insultos y amenazas. Debo a toda costa evitar el puto “no” y a la vez no ceder en mis convicciones.

-Papá. quiero helado-. Si da, todo bien y adelante con las calorías del helado (caramba con la contradicción térmica). Si no es posible … ups….

-Genial. Yo también, el jueves compraremos.-. (y resulta que es martes). ¡¡¡Oooooole!!!

Pero el contrincante no se da por vencido fácilmente. Podría decirme: -Pero yo quiero ahora- y me caga. O eso cree.

Retruco,  -Quedó fruta. ¿Me ayudás a  hacer ensalada?-. Una salida fácil que solo patea la pelota unos centímetros para adelante. El tipo insiste: -No-. (sabe que él si puede decir no y se aprovecha. -Yo quiero helado, no ensalada de frutas.- Se abusa. Sabe que hay mucha gente alrededor.

Las cartas ya están sobre la mesa. Será imposible desviar la atención. Todos sus sentidos se concentran en el helado y el mundo ha desaparecido. Solo existe un gran cucurucho y un escollo que se interpone. Mientras tanto yo, el escollo, evalúa.

¿Estamos en terreno adecuado para presentar a Mr. Hyde en sociedad?… ¿Soportaré los saltos,  gritos desaforados e insultos  en el hall del  supermercado de un hijo que calza cuarenta y cuatro y me llega a la frente?…

Recalculando

Estoy cansado. Tengo ganas de llegar a casa. Dejémoslo para otro día.-  Esto que pienso lo digo sin evaluar conscientemente que el no, no ha aparecido. El entrenamiento se ha hecho  reflejo, como los consejos del señor  Miyagui a Daniel:     cera con mano derecha, pulir con la mano izquierda.

Lo digo acelerando el paso hacia la salida física. Mientras pienso: ¿El problema es su intransigencia o mi vergüenza?… Me avergüenzo de saberme avergonzado por mi hijo  y allí mismo, en medio de todas y todos digo con voz firme:

No vamos a comprar helado. No tengo ganas. Sale carísimo y tenemos fruta.

Lo miro a los ojos, con las piernas abiertas y las manos cerca de las cananas del colt. Estoy preparado. Adelante. Un silencio se produce en el hall del supermercado. Todo se ha detenido, unas bolas de pasto seco son empujadas entre los changuitos repletos de alimento.

Me mira directamente a los ojos. con la ceja derecha por encima de la izquierda. Es Clint Eastwood en una escena de El Bueno, El Malo y El Feo

Es consciente que le hicho dos no al hilo. Que no se me han escapado. Que me banco a Mr Hyde. Que me quedan al menos otros cuatro no en el tambor del colt 45.

Grita un -Está bien-. Sin saltos, sin insultos. Soplo el humo de la pólvora del caño y enfundo. El hall se descongela y todos vuelven a la anormalidad.

Al viaje de vuelta lo hacemos en silencio.

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A veces los enanos…

1

-Hijito levantate. Vamos rey que ya se nos va a hacer tarde.
Corazoncito mío… (Sigue tapado hasta la cabeza y no mueve su cuerpo ni un milímetro. Le doy masajes en la espalda, las piernas, palmadas en la cola)…vamos arriba mi choriplanerito…¡Vamos campeón que ya está le leche servida!…Vamos que tus hermanos ya están desayunando-
Desde abajo de las frazadas se puede escuchar: -Papá…¡Estoy ocupado!-

2

Salimos del neurólogo de verlo por sus movimientos involuntarios. Conduzco y el se ubica   en el asiento del acompañante. Vamos camino a la escuela especial en busca de su hermano. El comparte mi interés por el arte callejero y cada tanto advierte sobre obras.
-Mirá papá…un enano haciendo pis-
-¿Es un mural o es un señor de verdad?-
-Papá, a veces los enanos son estatuas-

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No es el enano que a veces es estatua.  Mural camino a la escuela especial. Foto mala sacada con celular (malo) Autor. El Sudaca Renegau. Licencia CC 2.0

Romance del prisionero para este puto otoño frío

Hace dos semanas mi hija mayor (que está en segundo año de la escuela secundaria), tuvo que estudiar el Romance del Prisionero. Estudiar implicó, entre otras cosas, memorizarlo.

La poesía se goza o no. Hay un componente intelectual, analítico, morfológico. Y hay un componente subjetivo emocional que hace que la poesía nos toque, nos interpele, nos transporte, nos evoque, nos emocione, nos entristezca.

Ella no puede…no entiende… no le llega la rima. La simetría, la regularidad, tienen (o no) belleza. Ella no “comprende” la rima. Y muchísimo menos el desplazamiento de sentido: la polisemia, la metáfora.  El autismo y la poesía en general se llevan bastante mal. Personalizado, Ella y la poesía “no se hallan”, como dicen en las provincias del Litoral de Argentina.

Pero vivi-disectándola, contextuando cada verso, despojándolo del arte, la rima, y transformándola en una narración pura, adquiere sentido para ella.

Dentro de todo, el romance es un texto bastan narrativo, aunque el estropicio que hay que hacer es digno de una sala de autopsias. El trabajo sucio lo hizo mi esposa.  Y así mi hija entendió el contenido del relato, y  en otra operación no tan compleja para ella, también pudo memorizar cada uno de los versos medievales.

La profesora le puso un diez y el tema fue abandonado por completo, porque el mundo de los neurotípicos está lleno de desafíos y necesita traducciones constantes de los sinsentidos de la cultura, donde la mentira poética es solo un pequeño escollo.

Pero resulta que esta madrugada me puse a saborear el delicioso texto de la contratapa de Página 12 escrito por Juan Sasturain. Y vaya mi sorpresa cuando descubro que su tópico es la enseñanza del Romance del Prisionero a alumnos de cuarto año de la escuela secundaria.

Juan sin saberlo reedita la compleja operación de mi esposa, exactamente con el mismo romance, pero le pone un plus: su genial prosa y la combinación con la política. Una genialidad que imprimiré para obsequiárselo a la abnegada y copada profesora de literatura de mi hija, para este puto otoño frío.

Corto y pego. Gracias Juan Sasturain. Un abrazo de los grandes.

Que por mayo era, por mayo

Para todos los perseguidos
por una Justicia genuflexa del Poder.

Supongamos que tengo –tenía, pero ya no tengo más– que dar mi clase de literatura hoy lunes a los adolescentes de cuarto año y me / nos toca como tema el Romancero. Tienen que tener leído el Romance del prisionero, maravilla recogida en su versión más trunca (si cabe la burrada) por el viejo Menéndez Pidal cuando era muchacho en la Flor (significa selección, antología) nueva de romances viejos, gran título, libro memorable. Claro que también los pibes tienen que haber leído los diarios y visto la tele en el fin de semana, así que trataré de que no se dispersen. Difícil, sobre todo cuando sienten tan ajeno ese texto con marcas tan medievales de oralidad castellana, y eso que está en versión modernizada. Como es cortito –16 versos– vamos a ir leyendo y comentando, digo yo.

Supongamos que ya saben que es anónimo no porque no lo escribió nadie, como dice uno, sino porque no se sabe quién lo hizo / cantó primero –como las canciones de la cancha– y se ha ido modificando con las repeticiones hasta que alguien lo puso en papel. El ejemplo de las canciones tribuneras les interesa pero se dispersan en obscenidades y hay que parar ahí. Reconocen que son octosílabos, como toda la poesía popular de nuestra lengua, les digo, que riman sólo los versos pares (una rima suave, la llamada asonante, en que coinciden sólo las vocales, no necesariamente las consonantes) y les muestro eso con los cuatro primeros: Que por mayo era, por mayo / cuando hace la calor / cuando los trigos encañan / y están los campos en flor.

Aclaramos ese raro Que de salida, una señal, una marca de que la cosa viene como empezada –no uso el tecnicismo in media res para no espantarlos– es como un pedazo de una confidencia, una conversación, si quieren: porque es algo dicho, no escrito. Y no “está mal” lo de “la” calor –joden con eso– porque la lengua no estaba fijada aún (siglo quince, ponganlé) y el uso genérico era indistinto. Una vez más hablamos de que el diccionario (La Ley) y la gramática (El Orden) vienen después (lógica y temporalmente) del uso, de la práctica, que es lo único vivo, la materia anterior: en el fondo lo único que hay… Que la Ley & el Orden son formalizaciones posteriores que devienen reglas sujetas al poder de lo escrito. No es fácil explicar eso porque la cuestión deriva hacia la asociación –en el romance– de mayo con el clima cálido cuando en mayo estamos todos cagados de frío en un aula de precaria calefacción con tarifa de gas sincerada. Y saltan las últimas noticias sobre el calentamiento global y otras aberretadas verdades de internet cuando por fin uno pesca que es una cuestión de hemisferios: “Mayo es la primavera –dice– en España. No el otoño como acá. En el partido del Barça estaban todos de manga corta”. Por eso los trigos encañan (se hace caña el tallo, les explico) y hay flores en el campo.

Sintetizando, digo: hay alguien –no sabemos quién todavía– que dice que hace calor, está lindo el tiempo, crece el cereal y está lleno de flores. Este alguien describe el clima y la naturaleza, lo vegetal, digamos. Y fíjense cómo sigue (y ahí pasamos a los cuatro versos siguientes): cuando canta la calandria / y responde el ruiseñor / cuando los enamorados / van a servir al amor. Aunque los pibes no han visto nunca una calandria (pajarito bien argentino, les cuento, que cantaba como la pulpera de Santa Lucía) y menos aún un mítico ruiseñor porque acá no hay –aunque como la alondra se solía parar en el palito de los versos tangueros– me dedico a las aves, y cuando estoy a punto de irme al carajo recordándoles que en segundo leímos El ruiseñor y la rosa de Oscar Wilde, que hay un cuento de Andersen y un poema de John Keats, veo que por ahí los pierdo y vuelvo a los versos del romance. Les cuento que el trino de estos pajaritos, fabulosos cantores, anuncia en el hemisferio norte la llegada de la primavera, llamada “la estación del amor”, porque es el momento del año en que los bichos se aparean, usando un verbo específico y sin contraindicaciones. Lo que sigue, la expresión “servir al amor” aplicada a los enamorados en general provoca diversas reflexiones / exclamaciones que en general quedan confinadas al intercambio verbal y gestual del alumnado, que me excluye naturalmente. Supongo que han entendido y seguimos, entramos en la segunda parte del romance.

Acá recién nos enteramos de quién es el que habla, les informo / digo fíjense: Sino yo, triste, cuitado, / que vivo en esta prisión, / que ni sé cuándo es de día / ni cuándo las noches son. Supongamos que me detengo en explicar el uso coloquial y raro de ese Sino como sinónimo de excepto o menos, es decir: todo es alegría menos / excepto para mí, triste y afligido (cuitado, con cuitas, pesares) que estoy en cana y ni siquiera sé, porque estoy encerrado y sin una ventana o ranurita de luz, cuándo es de día y cuándo de noche. Ah la flauta, digo para mí. Y para ellos: es decir que lo anterior, lo que describió que pasa afuera, el tipo sabe que es así por experiencia, pero no lo ve ni lo siente, como el Brisky de la famosa publicidad de mis veinte años.

Y supongamos que acá me detengo un poquito y les digo que se fijen que cambió el tiempo verbal del principio, que era en pasado (era por mayo) pero cuando el tipo, se refiere a sí mismo (sino yo), empieza a hablar en presente: las cosas le pasan ahora… Ah, la flauta… ¿Y qué le pasa?

Le quitaron la libertad –dice alguno– pero es muy abstracto eso, convenimos rápido. Nunca se menciona ni se habla de libertad, acá. Ni del por qué ni el cómo. La idea o las imágenes vienen por otro lado: al que habla, al prisionero, le quitaron el mundo. Lo desnaturalizaron: no puede vivir naturalmente. Lo encerraron, lo enjaularon, lo sacaron de circulación, lo dejaron solo consigo mismo, sin luz ni voces, sin tiempo. Les pido que piensen en eso, que imaginen lo que significa como experiencia de vida quedarse afuera del tiempo. Claro que –según dice enseguida el pobre tipo– le quedaba apenas un contacto mínimo con la vida exterior o mejor con todo lo que no fuera él mismo, solo. Y ahí entramos en los dos primeros versos del último tramo: Sino por una avecilla / que me cantaba al albor. Como al sino ya lo explicamos, sólo nos queda ese albor que significa, verbalizado, el alba. Cuando pregunto si alguno sabe qué es el alba uno jode con pintura, otro la confunde con aura, un tercero dice el amanecer y nadie acierta con que es la primera claridad que rompe la negrura de la noche / de esta noche.

¿Qué dice el prisionero, entonces? Que el único datito que tenía respecto del mundo exterior a esa cárcel se lo daba un pajarito que no nombra y que cantaba con las primeras luces –y eso lo debe saber por experiencia anterior– y que eso le permitía imaginar / saber / contar un día más. Y acá paro otra vez y supongamos que les señale, antes de que se fastidien por la extensión de la explicación o el comentario, que el alba es la hora tradicional de los fusilamientos, que por el hecho de volar y de moverse sin aparentes limitaciones los pájaros suelen encarnar la (idea de) libertad. Y que hay un poema de Jacques Prévert –o varios, lindísimos– que juega con eso y que ya hablaremos otro día porque ahora hay que terminar con el Romance del prisionero, con los dos últimos y tristísimos versos: Matómela un ballestero, / Dios le dé mal galardón. Ufff… Se los digo, se los arrojo como quien tira un hueso que abarajan. Nos corta el timbre, nos corta el chorro, nos corta el verso.

Apuro entonces. El esdrújulo con pronombre enclítico (no uso ninguna de esas expresiones abstrusas y piantavotos) del comienzo se convierte rápido en me la mató (a la avecilla: véase ese me afectivo), y si varios saben qué es una ballesta por las películas pueden entender que el ballestero que la usa (como el arquero usa el arco) le metió un flechazo fatal al pajarito. ¿Por qué? Ah… quién sabe. Si fue porque estaba cazando, vaya y pase; pero también puede que haya sido un guardia de la prisión que se ortibó, de puro jodido, como dice uno. Entonces está más que justificada la última, contenida maldición del prisionero a ciegas y a sordas: que Dios lo castigue en su crueldad, que no lo premie por eso, que el galardón o recompensa o reconocimiento sea negativo. Qué tal, qué les parece, digo yo, nos vemos el lunes no tomen nada raro / no se olviden / al salir / los documentos.

Supongamos que por mayo era, por mayo, y yo daba o no daba clase y era un puto otoño frío y tan injusto como éste y la justicia del Poder (no el poder de la Justicia) encarcelaba, ajusticiaba en diarios y pantallas sin que volara, cantara un pajarito a contramano. Sino / sin embargo, digo / el romance trunco estaba y está ahí. Y canta todavía. Y cada vez, en el encierro ciego y sordo, el poema que canta no cuenta por qué ni quién ni cómo sino sólo le da / le devuelve / la palabra al maltratado.

Juan Sasturain. Fuente

 

 

 

 

Los chicos diferentes

Esto llegó a mi por caminos extraños. Creo que fue la acompañante terapéutica de mi hija quién le pasó el enlace a mi mujer.
Como sea que haya sido fue una suerte. Me encantó.

Cintia es la mamá de Lautaro que tiene autismo. Lautaro es un niño de dos años y es muy afortunado de ser el hijo de Cintia
Ella le escribe una carta.

Le he pedido autorización para reproducirla aquí, ya que no puedo re-bloguearla: mi blog es de WordPress y el suyo de Blogspot. Así que ya autorizado corto y pego sin culpa.

Los chicos diferentes
25 ene. 2016
Querido hijo:

En la última visita al neurólogo tuvimos buenas noticias: él considera que ya podés ir al jardín de infantes. Fue un poco difícil persuadir a Nora, la terapeuta que está a cargo de todo tu tratamiento. Para ella es mejor esperar hasta el año que viene. Entonces decidimos tomar un atajo que dejara a todos contentos: te vamos a buscar un colegio que te permita ingresar en agosto.

Para ese entonces ya vas a tener 3 años y por lo menos 7 meses de tratamiento terapéutico encima, así que todos asumimos que vas a andar muy bien.

Vas a tener una maestra para vos solo. No sabemos todavía su nombre pero sí su cargo: a estas maestras se las denomina integradoras.

Es probable que haya 2 maestras más en el aula. Pero esas maestras son más globales. Están para vos y para todo el resto. Pero las tres maestras son responsables por todos los chicos. Podés acudir a cualquiera de las tres en caso de necesitarlo. Y es probable que la mayoría de las veces sepan qué hacer.

Yo te voy a llevar al jardín. Vas a ir sólo una hora, un par de veces por semana. Al principio voy a estar en el aula con vos, pero de a poco me voy a quedar menos y un buen día sólo voy a dejarte y buscarte a la salida. Tengo cosas que hacer sola y vos tenés cosas que hacer acompañado por otra gente.

Te estoy haciendo toda esta introducción para llegar finalmente a lo más importante: en el jardín hay chicos.

Cualquiera sea el aula que te toque en suerte, es muy seguro que va a estar llena de chicos. Pero eso no es lo más importante. Lo que yo quiero anticiparte para que después no sea una sorpresa, es que el 90 por ciento de los chicos con los que vas a compartir el aula son muy diferentes a vos. Pero muy diferentes. Se llaman chicos sanos.

Estos chicos no sólo son mayoría en el jardín. Son mayoría en el supermercado, en los clubes. Hay familias enteras que sólo tienen chicos sanos.

Su comportamiento te va a parecer extraño al principio: hacen todo al revés de como lo hacés vos. Pero no te preocupes, porque a medida que el tiempo pase y comiences a entender por qué actúan como actúan, los vas a aceptar y te va a resultar de lo más natural estar con ellos.

Estos chicos vienen en todos los tamaños y colores. Todos van a ser más chiquitos que vos y no vas a sentirte extraño porque todos van a usar pañales, como vos. Así que no te preocupes por eso. Si todos usamos pañales, los pañales pasan a ser algo frecuente y a nadie le llama la atención.

Sí va a sorprenderte la forma en que se relacionan con los juguetes: suelen usarlos de otra manera. Es decir… van a agarrar unos bloques y los van a apilar, por ejemplo. O van a agarrar un camión y lo van a hacer rodar. No pasa nada, es natural.

Otra cosa que seguramente harán es tocarte o abrazarte. Sé que es muy difícil para vos, pero lo hacen como muestra de cariño. A los humanos nos gusta darnos cariño. Si te resulta muy amenazante, lo único que tenés que hacer es apartarte un poco. Algún día podrás aceptar que estos chicos o cualquier otro chico se te acerque sin considerarlo una agresión.

¡Ah! Bueno… estos chicos hablan. Sí, ya sé. ¿Qué le vas a hacer? Todos ellos hablan. Algunos dirán más o menos palabras que otros, pero todos todos hablan. Y comen. Seguro que comen lo que la maestra les da en el aula o lo que traen en la mochila. Entiendo que a esta altura te resulta impensada la idea de pasar tiempo con gente así, pero te vuelvo a decir: después de un tiempo, si les tenés un poco de paciencia, vas a ver que son amigables y amorosos.

Si hay algo malo para decir de ellos es que son un poquito bruscos y que suelen hacer berrinches. Se frustran por algo, o por todo, y patalean, corren, se tiran al piso, gritan o lloran. O todo junto.

Es cierto.. esto puede llegar a asustarte, pero la verdad es que a los chicos sanos también les cuesta crecer. Ser chico no es fácil, ser hijo no es fácil y ser padre ni te cuento. Lo más importante es que no pierdas el foco: si bien son diferentes, es tu deber aceptarlos como son. Ellos tienen cosas difíciles con las que lidiar y muchas veces no tienen herramientas para transitar los cambios. Algunos de ellos tal vez estén tristes porque su mamá y su papá no viven más juntos. A algún otro se le habrá muerto un abuelito. Otros tendrán un hermanito recién nacido. Todas tragedias sin remedio. Pero ellos también irán develando sus propios misterios con el tiempo y a medida que avance el año y la vida, estarán mejor.

De todos modos, dejame decirte que hay algo que realmente puede hacer la diferencia: no los juzgues. Ni los apartes. Ni los ignores. Ni los aísles.

No hay nada más desolador para una persona que está en problemas que ser eliminado. Desechado. No hay nada más oscuro para alguien que ser rechazado por actuar diferente. Y creeme, por más rarísimos que estos chicos te parezcan, la verdad, es que en el fondo sólo están tratando de aprender a vivir. Igual que vos. Igual que yo.

Otra cosa: estos chicos sanos, por muy diferentes que sean, tienen los mismos derechos que todos los chicos. Es decir, tienen los mismos derechos que vos. Ojito con eso. Que no se te olvide.

Por último: lo más importante. Podés obviar todo el palabrerío anterior y sólo hacer caso a esto: cuando empecé este relato te decía que te ibas a encontrar con una mayoría de chicos sanos y diferentes a vos. Y esto es cierto. Pero no te conté que en el aula también va a haber un chico o una nena igual a vos. Con su maestra integradora. Este niño va a compartir con vos muchas similitudes: no va a saber para qué sirven los juguetes, no va a hablar. No va a comer nada. Bueno, vos ya sabés.

Entiendo, porque no soy tonta, que tu primer impulso va a ser acercarte a este chico. Y quedarte sólo al lado de él.

A todos nos pasa. Solemos hacer migas primero con quienes nos es más sencillo. Con aquellas personas a las que no tenemos que explicarles demasiado. Con esos que decimos “somos el uno para el otro”.

No te voy a prohibir que lo hagas. De hecho, sería una alegría que fuesen amigos, claro.

Pero escuchame bien: tu vida realmente va a ser increíble si te corrés un poco de ese lugar y tratás de entrar en el otro mundo. En el mundo de los diferentes.

Tienen tanto que enseñarse los unos a los otros. Te lo juro. No vas a poder creerlo. Los chicos diferentes rozan la maravilla. Igual que vos. En eso son iguales.

Vas a ver que usan la imaginación sin reparo, que son espontáneos, audaces. Acercate a ellos. Disfrutalos.

Hijo: lo más importante en esta vida es perderse en la maravilla de lo distinto.

Eso es todo por hoy.

Te ama.

Mamá.

*    *    *

Si le ha gustado, puede decírselo  a ella en su propio blog.

Gracias Cintia 😀

Tiempo ganado

Hoy caminamos con mi hijo más chico. Tengo el tiempo cronometrado.
Va de vuelta.
Hoy estacioné a seis cuadras del centro educativo terapéutico donde va mi hijo más chico. Me había imaginado el tiempo que tardaríamos caminando. El tiempo es un recurso muuuuuy escaso últimamente.
Imaginé que las seis cuadras no nos llevarían más de quince minutos. Íbamos de la mano.
A Tom le fascina chapotear en los charcos, pero yo planeaba volver rajando al trabajo y no estar con los pantalones salpicados de barro. Mal planificado.
Caminamos por la calle siete. Tom descubrió el aroma del puesto de facturas y el olfato lo impulsó en sentido oblicuo al camino del centro terapéutico.
Cuando cruzamos la calle de la Plaza San Martín, consideró adecuado recorrer con un palo el enrejado de la gobernación. Había rítmica regular. Tr tr tr tr tr tr tr tr tr, tr (y más tr porque la reja tiene una cuadra de largo). Interesante. A la media cuadra lo detuvo en seco el parlante de la protesta del gremio SOEME que tenía estacionada una camioneta-parlante para reclamar la re-apertura de paritarias. A mi me pasó como a María Eugenia Vidal: no escuchaba el parlante, porque el ruido se me había asimilado al paisaje. Pero Tom tenía las manos tapándose los oídos y gritaba para tratar de tapar el sonido del parlante.
El tiempo se estiraba peligrosamente. Tom descubrió por primera vez una mancha de aceite en el piso mojado. Cuando movía la cabeza de un lado al otro, los colores tornasolados, variaban en brillo e intensidad.
Intenté recordar mi primer mancha de aceite. No pude. Este era un momento importante y me lo hizo notar.
Luego cruzamos hacia la vereda del museo provincial de Bellas Artes. La vidriera dejaba ver una escultura singular. Eso lo supe un rato después. Era el esqueleto de un ser imaginario… Bueno… real porque estaba ahí frente a nuestra vista. A la vista de Tom. Yo solo miraba el reloj y lo descubrí cuando tuve que detenerme a riesgo de arrancarle el brazo.

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Norberto Gómez. Testimonio de lo ausente. Diálogos entre el silencio la violencia y el olvido

Doblamos en la calle seis. Otra vez Tom se detuvo. Del antiguo local de Movistar, ahora en reformas para nuevos locales comerciales, asomaba una nube blanca. Era polvo de durlock cortado con moladora angular de disco de carburo de silicio. El olor del carburo es inconfundible… y las volutas de polvo formaban fantasmas que levitaban a nuestro lado. Claro que todo eso también estaba acompañado por el sonido característico del corte y eso lo desmotivó.
Eramos ya milanesas… o filetes de merluza marinados aún sin freír, porque el polvo de yeso se nos pegó en la ropa mojada por charcos chapoteados. Como espectros caminamos la media cuadra que faltaba. Un señor muy gordo con una sugestiva verruga en la punta de la nariz salió a nuestro encuentro. En este caso fueron tontas disquisiciones de mi parte, porque a Tom no le pareció pertinente dedicarle una mirada. Por suerte.
Todo está por ser descubierto y uno perdiendo el tiempo en idioteces.

Preocupaciones

1

Ahora ella trabaja con los monos saimiri en el ECAS. A los saimiris les encanta las orugas. Entonces  busca  para ellos durante toda la semana.  Las halla en el jardín de casa, bajo los troncos.

Debe mantenerlas vivas. Las pone en un baldecito con tierra. Los viernes primero tiene escuela y  luego va a  ECAS   directamente. ¿Dónde  guardará las orugas  mientras tanto?… Eso la tiene muy preocupada.

2

Él le ha cosido una ropita a un choclo envejecido de la heladera. Es un muñeco-choclo vestido con ropa a medida. Le advierto que hay posibilidades que el choclo se pudra con el paso del tiempo.

No necesita a Kent ni una PlayStation. Le basta con un choclo pasado, una tela vieja y aguja e hilo. Se sienta frente al choclo en silencio esperando algún signo de putrefacción. Lo observa pacientemente.  El tiempo corre y él petrificado y preocupado quiere que todo siga como está.

3

El más chico  usó mi computadora. Algo hizo porque  la pantalla quedó negra y solo se veía el cursor. Reinicié y nada. El memory-test no arrojó fallos. El inicio por consola no dio pistas del error. Pero la interfaz gráfica estaba cagada.

Busqué documentación. No encontré nada que me sirva.

Decidí reinstalar. Se supone que no debería perder datos, puesto que al directorio “Home” lo instalé en otra partición del disco. Allí están todas las fotos familiares. No todas están respaldadas. También tengo cosas laborales de años, libros. Redimensioné particiones con Gparted. No puede fallar. No debería. Si falla sería una catástrofe.

Reinstalo Ubuntu Mate.  Entro con una versión live. Borro  las configuraciones que están en las carpetas ocultas de mi vieja Home para no tener conflicto con las nuevas versiones de programas…y renombro carpetas para no confundir nuevas con viejas. Instalo. Elijo montar Home en la partición separada donde están todos los datos. Que sea lo que tenga que ser. ¡Puta madre!…¿Funcionará?…Transpiro. Se preocupa con las puteadas y viendo mi cara de preso ante el patíbulo.

El fondo de pantalla es Huayra Liso bucólica jpg. El entorno es Mate. El tema es Huayra Liso. El borde de ventana es Yuyo dark.

Comment. Discapacitados (Publicado en mi blog Sudakia)

Tengo otro blogsito: autismo sudaca. De allí rescaté estos párrafos de una respuesta que di en relación a un post (Marzo de 2012)

Hola Christian. Hall en La Dimensión Oculta (The Hidden dimensión, 1966) propone una proxémica, es decir una semiótica del espacio. Observa a los animales y ve cómo a partir de determinada distancia, (sobre todo en los animales territoriales) se pasa de ser una curiosidad a una amenaza. ¿Cual es el límite?… Extrapoló estas observaciones al campo de la cultura. Identifica cuatro distancias: íntima, personal, social y pública. Él le pone metros y centímetros pero eso a mi no me importa. También reconoce variaciones culturales. Pone ejemplos interesantes, por ejemplo, no es lícito mirar a los ojos en un ascensor: si ese límite se pasa, es una amenaza o una seducción. En su momento, me pareció un poco intrascendente. Hall nunca habló en el libro sobre el autismo.
Pero con los años y siendo padre de tres niños dentro del espectro autista lo recordé.

Caminaba por la calle con mi hijo Ivan de seis años con TGD. Justo cuando pasamos frente a la puerta de una casa, salió una anciana. Iván le tomó la mano sin hablarle y con naturalidad. La señora dejó que eso suceda y así caminamos una cuadra los tres en silencio. Yo estaba incómodo, pero era el único. Para Iván no había ningún problema, y la señora caminaba feliz. Tal vez hiciera mucho tiempo que nadie la tocaba.

[esto que diré no estaba en el texto original. Ivan desde antes del trío caminante quería una Coca Cola. Yo avergonzado deseaba terminar de inmediato el paseo de los tres tomados de la mano. Esa cuadra me estaba pesando kilómetros.

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Por fin vi un kiosco en la vereda de enfrente y le avisé que cruzaríamos a comprar. Ni siquiera me animé a mirar a la anciana cuando nos separamos. Con los años Ivan me está transformando, morigerando mi discapacidad. Sigamos con el texto de 2012]

Me quedé reflexionando sobre el punto. Y allí estaba lo del espacio íntimo, Hall y el autismo. Luego observé eso en mi hija, con Asperger. Las distancias sociales forman parte de un código no escrito nunca explicitado. (…)

Jamás había leído nada que relacione el autismo y la proxémica de Hall, hasta que hace diez días leí, Haciendo frente, de Marc Segar. (Un joven ingles con asperger, que hace una especie e manual para ayudar a otros asperger a sobrevivir a las burlas, y a hacer explícitos los códigos ocultos de la cultura.)
En la página 10 está el punto 5.1: Límites o espacio personal.

* * *

Pensando ahora en 2016 sobre la anécdota y el texto de 2012, no importa lo de Hall y su proxémica sociobiológica. Importa la llamada normalidad, la vergüenza, el miedo a los desconocidos y al ridículo.

En Sudakia será considerado discapacitado/autista quien no salude, quien sospeche de los extraños, quien no sea capaz de poner la mano, la oreja y el tiempo al servicio de los desconocidos.

Las personas son extrañas cuando usted es un extraño
Las caras parecen feas cuando usted está solo
Las mujeres parecen malas cuando usted es no deseado
Las calles son desiguales cuando usted está mal
Cuando usted es extraño
Las caras salen de la lluvia
Cuando usted es extraño
Nadie recuerda su nombre
Cuando usted es los extraños