Los chicos diferentes

Esto llegó a mi por caminos extraños. Creo que fue la acompañante terapéutica de mi hija quién le pasó el enlace a mi mujer.
Como sea que haya sido fue una suerte. Me encantó.

Cintia es la mamá de Lautaro que tiene autismo. Lautaro es un niño de dos años y es muy afortunado de ser el hijo de Cintia
Ella le escribe una carta.

Le he pedido autorización para reproducirla aquí, ya que no puedo re-bloguearla: mi blog es de WordPress y el suyo de Blogspot. Así que ya autorizado corto y pego sin culpa.

Los chicos diferentes
25 ene. 2016
Querido hijo:

En la última visita al neurólogo tuvimos buenas noticias: él considera que ya podés ir al jardín de infantes. Fue un poco difícil persuadir a Nora, la terapeuta que está a cargo de todo tu tratamiento. Para ella es mejor esperar hasta el año que viene. Entonces decidimos tomar un atajo que dejara a todos contentos: te vamos a buscar un colegio que te permita ingresar en agosto.

Para ese entonces ya vas a tener 3 años y por lo menos 7 meses de tratamiento terapéutico encima, así que todos asumimos que vas a andar muy bien.

Vas a tener una maestra para vos solo. No sabemos todavía su nombre pero sí su cargo: a estas maestras se las denomina integradoras.

Es probable que haya 2 maestras más en el aula. Pero esas maestras son más globales. Están para vos y para todo el resto. Pero las tres maestras son responsables por todos los chicos. Podés acudir a cualquiera de las tres en caso de necesitarlo. Y es probable que la mayoría de las veces sepan qué hacer.

Yo te voy a llevar al jardín. Vas a ir sólo una hora, un par de veces por semana. Al principio voy a estar en el aula con vos, pero de a poco me voy a quedar menos y un buen día sólo voy a dejarte y buscarte a la salida. Tengo cosas que hacer sola y vos tenés cosas que hacer acompañado por otra gente.

Te estoy haciendo toda esta introducción para llegar finalmente a lo más importante: en el jardín hay chicos.

Cualquiera sea el aula que te toque en suerte, es muy seguro que va a estar llena de chicos. Pero eso no es lo más importante. Lo que yo quiero anticiparte para que después no sea una sorpresa, es que el 90 por ciento de los chicos con los que vas a compartir el aula son muy diferentes a vos. Pero muy diferentes. Se llaman chicos sanos.

Estos chicos no sólo son mayoría en el jardín. Son mayoría en el supermercado, en los clubes. Hay familias enteras que sólo tienen chicos sanos.

Su comportamiento te va a parecer extraño al principio: hacen todo al revés de como lo hacés vos. Pero no te preocupes, porque a medida que el tiempo pase y comiences a entender por qué actúan como actúan, los vas a aceptar y te va a resultar de lo más natural estar con ellos.

Estos chicos vienen en todos los tamaños y colores. Todos van a ser más chiquitos que vos y no vas a sentirte extraño porque todos van a usar pañales, como vos. Así que no te preocupes por eso. Si todos usamos pañales, los pañales pasan a ser algo frecuente y a nadie le llama la atención.

Sí va a sorprenderte la forma en que se relacionan con los juguetes: suelen usarlos de otra manera. Es decir… van a agarrar unos bloques y los van a apilar, por ejemplo. O van a agarrar un camión y lo van a hacer rodar. No pasa nada, es natural.

Otra cosa que seguramente harán es tocarte o abrazarte. Sé que es muy difícil para vos, pero lo hacen como muestra de cariño. A los humanos nos gusta darnos cariño. Si te resulta muy amenazante, lo único que tenés que hacer es apartarte un poco. Algún día podrás aceptar que estos chicos o cualquier otro chico se te acerque sin considerarlo una agresión.

¡Ah! Bueno… estos chicos hablan. Sí, ya sé. ¿Qué le vas a hacer? Todos ellos hablan. Algunos dirán más o menos palabras que otros, pero todos todos hablan. Y comen. Seguro que comen lo que la maestra les da en el aula o lo que traen en la mochila. Entiendo que a esta altura te resulta impensada la idea de pasar tiempo con gente así, pero te vuelvo a decir: después de un tiempo, si les tenés un poco de paciencia, vas a ver que son amigables y amorosos.

Si hay algo malo para decir de ellos es que son un poquito bruscos y que suelen hacer berrinches. Se frustran por algo, o por todo, y patalean, corren, se tiran al piso, gritan o lloran. O todo junto.

Es cierto.. esto puede llegar a asustarte, pero la verdad es que a los chicos sanos también les cuesta crecer. Ser chico no es fácil, ser hijo no es fácil y ser padre ni te cuento. Lo más importante es que no pierdas el foco: si bien son diferentes, es tu deber aceptarlos como son. Ellos tienen cosas difíciles con las que lidiar y muchas veces no tienen herramientas para transitar los cambios. Algunos de ellos tal vez estén tristes porque su mamá y su papá no viven más juntos. A algún otro se le habrá muerto un abuelito. Otros tendrán un hermanito recién nacido. Todas tragedias sin remedio. Pero ellos también irán develando sus propios misterios con el tiempo y a medida que avance el año y la vida, estarán mejor.

De todos modos, dejame decirte que hay algo que realmente puede hacer la diferencia: no los juzgues. Ni los apartes. Ni los ignores. Ni los aísles.

No hay nada más desolador para una persona que está en problemas que ser eliminado. Desechado. No hay nada más oscuro para alguien que ser rechazado por actuar diferente. Y creeme, por más rarísimos que estos chicos te parezcan, la verdad, es que en el fondo sólo están tratando de aprender a vivir. Igual que vos. Igual que yo.

Otra cosa: estos chicos sanos, por muy diferentes que sean, tienen los mismos derechos que todos los chicos. Es decir, tienen los mismos derechos que vos. Ojito con eso. Que no se te olvide.

Por último: lo más importante. Podés obviar todo el palabrerío anterior y sólo hacer caso a esto: cuando empecé este relato te decía que te ibas a encontrar con una mayoría de chicos sanos y diferentes a vos. Y esto es cierto. Pero no te conté que en el aula también va a haber un chico o una nena igual a vos. Con su maestra integradora. Este niño va a compartir con vos muchas similitudes: no va a saber para qué sirven los juguetes, no va a hablar. No va a comer nada. Bueno, vos ya sabés.

Entiendo, porque no soy tonta, que tu primer impulso va a ser acercarte a este chico. Y quedarte sólo al lado de él.

A todos nos pasa. Solemos hacer migas primero con quienes nos es más sencillo. Con aquellas personas a las que no tenemos que explicarles demasiado. Con esos que decimos “somos el uno para el otro”.

No te voy a prohibir que lo hagas. De hecho, sería una alegría que fuesen amigos, claro.

Pero escuchame bien: tu vida realmente va a ser increíble si te corrés un poco de ese lugar y tratás de entrar en el otro mundo. En el mundo de los diferentes.

Tienen tanto que enseñarse los unos a los otros. Te lo juro. No vas a poder creerlo. Los chicos diferentes rozan la maravilla. Igual que vos. En eso son iguales.

Vas a ver que usan la imaginación sin reparo, que son espontáneos, audaces. Acercate a ellos. Disfrutalos.

Hijo: lo más importante en esta vida es perderse en la maravilla de lo distinto.

Eso es todo por hoy.

Te ama.

Mamá.

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Si le ha gustado, puede decírselo  a ella en su propio blog.

Gracias Cintia 😀