El quincho de ECAS

El viernes fuimos para  ECAS. Me avisaron que Luxor estaría terminando el mural del quincho.

Ivan se encaprichó con unos deshechos informáticos. La cosa se puso heavy pero negociamos y reinó la calma.

Brisa se incorporó rápidamente a la dinámica: alimentar animales, jugar y ayudar un poco a pintar.

Tomás se fue directamente a correr a los gansos. Se descalzó y comenzó a chapotear en charcos de barro.

Luxor no había llegado.

Miré el sol sin pintar y al bajar la vista recordé que ahí vive alguien. Al pie del quincho, tuvieron que poner una chapa para no caer en la madriguera del vizcachón.

Al rato llegó Luxor y organizó las tareas de los demás y él se dedicó al sol con el flaco de ayudante.

La superposición del flaco y Luxor me recordaron al hombre de dos pisos de Grego

El Hombre de dos Pisos (Grego)

 

Nunca había hablado con Luxor. El viernes pude agradecerle personalmente por el arte y por haberme salvado

La música que elegí para el video es a thousand years de Marc Berthoumieux

Anuncios

Josefa (I wanna be like you, Brisa)

Dos de mis hijos desde hace algunos años concurren al ECAS (Estación de Cría de Animales Silvestres, del Ministerio de Asuntos Agrarios de la Provincia de Buenos Aires) al programa Ser desde la otra mirada.
DSCN3287
Difícil definirlo: podria decirse que se trata de zooterapia pero con animales no convencionales: monos, iguanas, burros, loros habladores, agutís, etc, etc.
Les preparan la dieta, los alimentan dentro de las jaulas, interactúan con ellos y entre los mamíferos humanos. Hay un equipo multidisciplinario integrados por biólogos, fonoaudióloga, terapista ocupacional, guardaparques, psicomotricista. Buen equipo: trabajan parados en las posibilidades y potencialidades, no desde el paradigma del déficit.

El primer día que Tomas entró a una jaula de carayá, se descalzó, se subió a las ramas y comenzó a jugar: les separaba los dedos de la rama de la que se agarraban, y también la cola. Su coordinador permitió que haga lo que ningún niño hace: trepar.
En un rato Tomas era un carayá, o más bien,  era  Mowgli de Kipling.

Niño AWá- Guajá Brasil. Foto: © Cristian Kenepper 

Uno de los monos, frecuentemente  arisco con los humanos, se puso inquieto al momento en que el pequeño mono pelado debía salir de la jaula. El coordinador nunca lo había visto jugar con un humano.

Brisa, el primer año, trabajó con otras monas carayá. Josefa, una mona vieja y desdentada le agarró la mano y se la puso sobre su regazo. Se quedaba quieta, pero sin soltarla.

Hembra de carayá

Cada vez que Brisa entraba a su jaula se repetía el contacto. Josefa también estaba haciendo zooterapia y necesitaba de Brisa para estar mejor.
Josefa se transformó en referencia en sus conversaciones. Todos los que conocemos a Brisa, conocemos a Josefa, aunque nunca le vimos la cara.

Con el tiempo, Brisa cambió de jaulas. No volvió a frecuentar a Josefa.

El otro día los niños no tenían clases y teníamos que pasar por Brisa. Fuimos todos en el auto, incluida  la cachorra de labrador que compramos para estimular a Tomás.

La vuelta de Brisa fue silenciosa. Raro.
El auto se desplazaba por el túnel en el bosque de ligustros. Cruzaban antílopes y algunos carpinchos. Cuando habló ya habíamos salido del Parque Pereyra Iraola.

DSCN1543

Túnel en el bosque de ligustros del ECAS. Foto: El Sudaca Renegau

Nos contó de Josefa. Estaba muerta. La habían encontrado así en la jaula, y su compañera mona tratando de reanimarla. Nos dijo que seguramente ahora que su compañera quedó sola estaría triste.

Estuvimos todo el día afectados por la muerte de una mona carayá, aunque Josefa se ha liberado y es posible que esté feliz en Sudakia.

Probablemente Josefa no quería el fuego, ni caminar como huamano, como decía el rey Louis. Pero sí -ser como tu, Brisa: libre-
I wanna be like you de Louis Prima