El día que el chancho habló II

Tomás no habla con palabras. Se comunica con gestos, actitudes.

Se las arregla para que no queden dudas de lo que quiere, de lo que necesita. El lenguaje verbal no les es ajeno. Entiende. Procesa. Acepta o rechaza solicitudes, demandas. Pero no puede usarlo. O “no quiere”. Tampoco aprendió a leer ni escribir.

Hace algunos años usamos la estrategia del comunicador con pictogramas. Todo casero y analógico. (Sistema de comunicación alternativo y aumentativo SAAC)

Utilizamos los pictogramas del portal aragonés ARASAAC Portal Aragonés de la Comunicación Aumentativa y Alternativa.

Una madera terciada con tiras de velcro paralelas, como renglones espaciados en una hoja. Entonces él selecciona lo que quiere decir  de una carpeta en la que están pegados y ordenados por temas: (personas, lugares, situaciones, comidas, estados de animo, juegos, etc), y los pega apoyándolos. La lógica es la de la lecto-escritura occidental: de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo.

Así, pudo por primera vez en años decidir el menú de comidas; decir que quería jugar en el parque, o salir a hacer compras, o bañarse, o jugar a las escondidas, o avisar que la perra lo había molestado, o sus hermanos. Y poder buchonear precisamente quién y qué. Todas cosas difíciles o imposibles de expresar con mímica.

Desde hace unos meses usamos una tablet con sistema operativo Android. Le instalamos la aplicación LetMe Talk. (gratuita) que le permite seleccionar los pictogramas de un menú editable, colocarlos en una oración, apretar Play y que la tablet diga con voz  lo que él armó.

Hay otros programas para lo mismo, como E-mintza, pero recurren a una base de datos de palabras pre-grabadas. Y como son españoles, usan pronunciación castiza, o términos no habituales para un argentino, como “jersey”, “nevera”, o “me duele la tripa”. Si bien permiten que se grabe la palabra pronunciada en modo edición para adecuar el comunicador,  nos resultó más práctico LetMe Talk.

El programa es perfectamente editable. Le preparamos el comunicador de acuerdo a su mundo, sus intereses, su entorno. Uno crea las categorías y selecciona  los términos a utilizar (seguimos el mismo criterio de clasificación que tenía la carpeta analógica).

Adecuar el comunicador es algo complejo al principio, hasta que se vuelve fácil. Se escribe la palabra y el programa  busca la imagen en una base de datos de más de 9000 pictogramas de ARASAAC. Y el programa automáticamente la pronuncia usando el motor de voz de Android. Y si la palabra no tuviera un pictograma preparado, uno puede usar una imagen almacenada en la tablet que bajó de internet, o puede usar la cámara de fotos de la tablet para incorporarla. Por ejemplo “Mate”. Tomás toma mucho mate. Pero “mate” no está en la base de pictogramas del portal Aragonés. Entonces uno le saca foto al propio mate, a la bombilla, al paquete de yerba. Y a cada imagen le asocia una palabra que se escribe. Y el motor de voz de Android la pronuncia en español.

Esa tarea es inicial y solo lo hace el que edita el programa para adecuarlo. Luego el usuario solo utiliza las imágenes seleccionadas y las combina de acuerdo a sus necesidades. En la medida que el editor/terapeuta descubre nuevas necesidades/habilidades, enriquece y complejiza los recursos del comunicador.

Se pueden también instalar motores de voz  para cada usuario seleccionado  Varón/Mujer y eligiendo entre español de España o Español neutro de EEUU. Hay otras opciones pero son de pago, como por ejemplo, voz de varón de Argentina.

El comunicador le permite mayor autonomía. Puede tenerlo consigo. Una carpetota llena de tarjetas plastificadas y un rectángulo de madera resultan inviables para trasladar.

Ahora, tiene un repertorio de signos más amplio y puede no solo mostrarlo: también puede decirlo con solo apretar Play.

¿Por qué digo todo esto?… No estoy haciendo propaganda de la aplicación LetMe Talk.

Si tiene hijos seguramente recuerda el día que  dijo papá/mamá. En el mundo hay siete mil millones de personas. Descontando los mudos y no verbales siguen siendo muchas. Todos los humanos parlantes alguna vez dijeron su primer palabra. No es nada extraordinario, salvo para los que esperan que eso suceda.

Pasaron muchos años. Usó un aparato para hacerlo. Lo hizo con voz de mujer cubana en español de EEUU.  Pero un día, a los 11 años, mi hijo me dijo concretamente: “papá yo quiero  tomar mate” y yo me puse a llorar como un pelotudo.

El audio está bajísimo. Para escucharlo suba el volumen.

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