Matinfa

El niño más pequeño es hipersensible a diversos estímulos sensoriales.
Cuando entra a la casa, cierra las cortinas.
Es difícil hacer actividades sociales: lo molestan los olores nuevos, las personas desconocidas, algunas frecuencias de sonidos.

En la medida que lo desconocido deja de serlo, comienza a ser tolerable.
Cuando viajamos en auto (varias veces por día) es imprescindible hacerlo sin música ni radio.

Lo anticipo, le digo que voy a encender la radio. Cuando comienza a gritar tapándose los oídos, bajo el volumen. Si su molestia persiste, apago.

Sin embargo, hay determinadas músicas que tolera. Y de algunas disfruta.

Hace poco tiempo descargué un disco que encontré en el blog La Uva y la Parra:
Etran Finatawa – The Sahara Sessions (2013)

Me daba intriga: una banda que combina las culturas  Bororo y Tuareg. Hacen un blues del desierto, un ritmo repetitivo, una especie de mantra de la sabana del Níger.

¿Y a qué viene esto?…
Es una de las músicas preferidas del niño. Especialmente Matinfa.
No tengo ni idea del significado de la letra.

La canción dura 5’55. Un viaje a La Plata dura entre treinta y cuarenta minutos, es decir… entre cinco o seis matinfas